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Lola Solana, presidenta del Instituto Español de Analistas: “No tengo intuición, tengo experiencia, algo que se infravalora” | Economía

porConfidencial de México

Mar 21, 2024
Lola Solana, presidenta del Instituto Español de Analistas: “No tengo intuición, tengo experiencia, algo que se infravalora” | Economía

De niña quería ser periodista, aunque su padre le quitó la idea de la cabeza. Después quiso ser médico. “Para ayudar a los demás” Cuando acabó derecho soñaba con ser juez pero entonces una amiga le dijo que una entidad financiera buscaba recién licenciados “para vender un producto”. “Era el año 88, se estaban creando las primeras empresas de asesoría bursátil de España y ahí estaban hombres brillantes como César Alierta o Francisco González. Fue la época en que empezaron a pasar al mercado las empresas que eran del Estado y todo el mundo quería invertir en España, no como ahora, que nos cuesta muchísimo atraer capital”, explica Lola Solana (Madrid, 60 años) sentada en una de las salas del Instituto Español de Analistas, entidad que preside a la vez que capitanea el fondo de pequeñas compañías de bolsa española del Santander. Solana es una de las analistas mejor valoradas de Europa y una de las mujeres que más lejos ha llegado en el sector financiero español. Y como ella misma, no ha sido fácil: “A mi primer jefe le dije: yo no quiero vender, no quiero gestionar. Me dijo que no y me llevé un disgusto tremendo”. Pero se acabó saliendo con la suya (incluso con su vocación de escritora: en 2018 escribió una novela).

Pregunta. ¿Era raro para una mujer entonces gestionar fondos?

Respuesta. Mucho, muy raro. Era un mundo muy masculino. Y claro, yo, una chica con 23 años, diciendo: “Quiero ser gestora”. No era lo habitual.

P. ¿Por qué cree que no llegan más mujeres a esas posiciones?

R. En general, mucha gente, hombres y mujeres, no soportan la presión que supone. Con algunas decisiones, si te equivocas, puedes perder miles de millones y esa es una responsabilidad muy grande. Y en el caso concreto de las mujeres, se trata de un trabajo con unos horarios muy exigentes para compaginarlos con una familia. Ten cuenta que el mercado español abre a las nueve y cierra a las cinco y media, pero luego abre el de Estados Unidos y cuando cierra ese viene Japón. Es muy sacrificado. Y también muy adictivo.

P. Su vocación primera era ayudar a los demás, pero la reputación de los financieros no es precisamente esa, ¿qué se puede decir para mejorar su imagen?

R. Es que es todo lo contrario. Al final también te das a los demás. Hoy he estado en un debate sobre estrategias de inversión y al salir se me acercó una señora que me dijo: “Soy clienta suya, llevo muchos años en su fondo con mucho dinero invertido y quiero que sepa que tengo plena confianza en su gestión y para mí es un orgullo estar ahí”. Es una satisfacción enorme y lo estás haciendo por los demás. Estoy gestionando un dinero ajeno en fondos donde están mis mejores amigas, los padres de mis amigos, compañeros. Y además invirtiendo en empresas que crees que España necesita.

P. En España ha habido grandes financieros que al final estafaron a la gente. ¿Qué siente cuando conoce casos así?

R. Siempre han existido el bien y el mal, ahora, hace diez años y hace quinientos. Siempre habrá gente que haga mal uso de su profesión y no lo puedes evitar porque siempre va a haber una pequeña fracción de seres humanos a los que les venza su parte mala. Pasa con las empresas: el 90% son honestas y transparentes. Te dan la información tal y como es. Pero hay una parte de las empresas que miente y no hace buen uso del capital.

P. Su novela, La cruz de madera, narra la historia de una traición vivida por su abuelo. ¿Responde ese ajuste de cuenta a su vocación de juez?

R. En absoluto. Se dice mucho eso de: “La vida pone a todo el mundo en su sitio” pero no es verdad. A veces sí, pero la suerte influye mucho y a lo mejor las cosas se colocan cuando ya no estás vivo pero en general la vida no es justa. La novela me sirvió más bien para reconectar con mi madre después de que falleciera y con mi abuela. La escribimos a seis manos, aunque ellas ya no estuvieran.

P. ¿Existe el sexto sentido en su trabajo?

R. No es brujería. A mí cuando me dicen cuanta intuición tienes pienso: no tengo intuición. Lo que tengo son muchos años de experiencia. Eso es lo que te da la intuición. Y es algo que infravaloramos. En general, tendemos a valorar más la juventud, el empuje, que la experiencia. No valoramos lo suficiente a la gente mayor.

P. Y en instituciones como esta es donde los mayores aconsejan a los jóvenes…

R. Aquí los analistas juniors y se encuentran con los seniors. En la cercanía es cuando más se aprende porque ahí hay contacto emocional y a través de la emoción y las vivencias es como más se aprende.

P. ¿Eran más soberbios los jóvenes de finales de los ochenta o los de ahora?

R. Ni entonces ni ahora. Todo esto es cuestión de caracteres. Soberbios y humildes los hay siempre. Sí veo que los jóvenes ahora tienen menos espíritu de sacrificio, quieren que todo sea más inmediato, más rápido. No se dan cuenta de que la vida es muy larga y hay que tener paciencia.

P. ¿Cree que aquel jefe que no le dejó ser gestora pensó lo mismo de usted?

R. Puede ser. Y me puso en mi sitio. Y gracias a él pasé a otra empresa, aprendí contabilidad, inglés, análisis, gestión de carteras y finalmente pude llegar a donde quería. Si hubiera ido más deprisa, quizá me hubiera dado un buen tortazo y me hubiera ido de la industria como tantas otras mujeres a las que he visto irse.

P. ¿Y usted cómo lo ha conseguido?

R. Si te lo propones, lo consigues. Aunque no solo importa el esfuerzo, también está la suerte. No lo puedes tener todo, sacrificas unas cosas por otras. No es un camino de rosas. Te tiene que gustar lo que haces y tienes que tener la necesidad de trabajar. Yo no tenía las espaldas cubiertas. Recuerdo el sentimiento de culpa porque tenía que trabajar de nueve a siete y dejar a mi hija con tres meses, que casi no la conocía, en la guardería. Pero ahora les veo y me siento muy orgullosa. La mayor es gestora en Renta4. El otro es analista en otra entidad, el otro, el pequeño, está en un departamento de inversiones. Ahora, cuando miro atrás, me doy cuenta de que mi familia es lo mejor que tengo.

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